Día Internacional de la Juventud (Una nota Global, Latinoamericana y Mexicana).
12 ago
1. Juventud Global.
Hoy es el Día Internacional de la Juventud (no confundir con el diverso día mundial), fecha enmarcada dentro de las celebraciones del Sistema Universal de los Derechos Humanos a través de la resolución A/RES/54/120 de la Asamblea General de las Naciones Unidas y publicada el 20 de Enero del 2000; todo lo anterior bajo la clausura del Año Internacional de la Juventud. Ha pasado desde entonces más de una década y mucho se puede decir sobre el status quo en el que vive este sector de la población no solo en México, sino prácticamente en todo el Mundo.
El planteamiento es para tomarse con sensatez, la Juventud en 5 continentes no lo está pasando bien, por ejemplo, hoy día hay menos oportunidades de educación, desarrollo, empleo y vivienda que la que los ascendientes de toda una generación tuvieron hace unos 20 o 25 años atrás (salvo algunas excepciones). De conformidad con los datos de las propias agencias del Sistema Universal, existen aproximadamente 1.800 millones de jóvenes en todo el planeta [1], casi una tercera parte de la Humanidad pertenece a este sector de la población y de ell@s alrededor del 90% viven en países en desarrollo. En la “Era Global” de la primera década del siglo XXI las “reglas del juego” son diferentes, se infieren desde luego varios factores de orden social y económico que han afectado a las y los jóvenes.
Los problemas son del todo conocidos (aunque sus causas poco aceptadas o re-conocidas): brechas generacionales-culturales ante la construcción de elementos de identidad globales, falta de oportunidades y exclusión/marginación social, violencia endémica y generalizada, conflictos armados, “crisis económicas financieras”, pobreza, merma de Derechos como Salud, Educación y Trabajo. Lo anterior se traduce en evidentes resistencias, en protestas y pronunciamientos de “indignados”, de “rechazados”, de “ninis” (como se acostumbra a estigmatizar y humillar verbalmente a la población joven) que no cuentan con los elementos para poder desplegar con Dignidad su proyecto de vida.
A falta de una estrategia clara para dirigirse hacia las y los jóvenes, ¿no sería más honesto que los dirigentes y gobernantes hablaran con verdad sobre los contextos de “oportunidades vitales” que le esperan a la Juventud del Mundo? Imagino las siguientes respuestas, esas que no se dicen, pero que se piensan: <<Lo siento, no solo es por culpa de la matrícula, también las condiciones del mercado, mira, la educación es un negocio y aunque marches y grites, tu jamás podrás ingresar a la Universidad>>, <<No hay trabajo para todos, esto es lo que hay, de mileurista, competencia hay mucha y como tu miles afuera, ¿quieres el trabajo?, sino te gusta adelante, las puertas están abiertas>>, <<No te queda de otra, no tienes trabajo, no tienes escuela, toda tu vida la desperdiciaste, no sirves para nada y nadie te quiso; hay mucho riesgo pero hay pasta, tu sabes si le entras o te mueres de hambre>>, << La juventud solo entiende con represión, ellos no saben ni piensan lo que quieren, nosotros sabemos lo que necesitan>>.
Por otra parte, existe una tradición autoritaria y antidemocrática desplegada en buena parte del Mundo para referirse a la Juventud; un eterno estigma vinculado con la edad y por tanto el sometimiento y prejuicio en razón de las relaciones de poder que han trazado las sociedades, las figuras del “pater familias” son evidencia de ello y se han extrapolado hasta nuestros días; desde la perspectiva histórica: “… los jóvenes no interesan mucho en cuanto sujetos, sino sólo en la medida en que representan un aporte o un problema para las madres, las familias o la sociedad en general”[2]. Por tanto, la figura de autoridad: el adulto, es la única persona en sociedad que merece ser tomado en consideración, desde este punto de vista se generan condiciones de exclusión y discriminación hacia las voces jóvenes; algunas autoras(es) como Lydia Cacho lo han llamado “visión adulto-céntrica”, pues es el sujeto adulto el que determina cuales son las formas, tiempos, necesidades, derechos y percepciones que se deben otorgar a la infancia y juventud debido a que su voz “inmadura” no amerita ser tomada con seriedad.
2. Juventud Latinoamericana.
Las nociones de jóvenes y juventud son variables, normalmente su definición está condicionada por un criterio de edad-adscripción-biológica, así, se ha entendido por juventud “…el ciclo de vida en el que los individuos transitan de la niñez a la vida adulta” [3]. No obstante, debe quedar muy en claro que la juventud es multidimensional; de allí que se asocie a la juventud latinoamericana como una etapa en la cual se construye la: “…preparación para la vida adulta, y donde la vida se convierte en preparación para construir un hogar propio e insertarse en mercados de trabajo que exige cada vez más adquisición previa de conocimientos y destrezas” [4].
Las y los jóvenes son el sector de la población que más ejerce el Derecho al Libre Desarrollo de la Personalidad, precisamente porque en las elecciones de proyecto de vida que se tienen de frente, se habilitan contextos y elementos (positivos y negativos) que van formando o transformando a los individuos; dicho de otra forma, es en esta etapa donde la construcción de las identidades agrupa intereses y perspectivas comunes, piénsese de forma sencilla en los gustos musicales, los ideales y lugares compartidos, la jerga de grupo, entre otros.
La Juventud se describe en plural y Latinoamérica tiene formas muy peculiares de describirnos: “chicos, vatos, pibes, giles, morros, chavos, plebes, weyes, pelaos, cipotes, guambras, chavalos, boludos, cheros, pollos, jebas, vagos, biches” etc. No es solo una cuestión de la riqueza lingüística de nuestros países, muchos de estos sustantivos están vinculados con las ideas generales de inmadurez, irresponsabilidad, carga, desdén, mal vivencia y holgazanería que parecen “connaturales” a la Juventud. De nuevo el prejuicio ante las posturas adulto-céntricas.
Latinoamericana sigue siendo una de las regiones más jóvenes del Mundo (y lo seguirá siendo), se ha cifrado que para el año 2015, la población en un rango de edad de entre los 10 a los 29 años será de: 207, 719, 669 (doscientos siete millones, setecientas diecinueve mil, seiscientas sesenta y nueve personas) [5], un poco más que la actual población total de Brasil, cinco veces más que la actual población total de la Argentina, tres y medio veces más que la actual población total de Colombia, casi el doble de la actual población total de México, treinta veces más que la actual población total de Paraguay, y casi cuarenta y cinco veces más que la actual población total de Costa Rica. Por otra parte, para el año 2025, esa cifra tendera ligeramente a la baja con un total de: 203, 029, 755 (doscientos tres millones, veinte nueve mil setecientos cincuenta y cinco personas).
En este orden de ideas, cabe preguntarse si los Gobiernos y la sociedad en su conjunto estarán preparados para hacer frente a un sin número de fenómenos que se desatarán ante un crecimiento exponencial de necesidades para este sector, sencillamente, ¿cómo evitar que gran parte de esos doscientos siete millones (dentro de 4 años más) trunquen su educación, no se queden sin un trabajo y educación dignos, o terminen integrando a grupos delictivos? El reto es titánico.
Por desgracia, la Juventud en nuestro continente sigue estando asociada a condiciones de pobreza y con ello todo un fenómeno agravante de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; la CEPAL ha sido clara y muy enfática en cuanto a que: “…las situaciones de pobreza de los jóvenes parecen responder, por una parte, a la insuficiencia de las acciones del Estado y de las familias, que no logran crear condiciones favorables para que los jóvenes acumulen las calificaciones y destrezas necesarias (…) el abandono temprano del sistema educativo suele asociarse con el adelanto en la emancipación de los jóvenes y también con una mayor fecundidad que la de sus pares más educados, todo lo cual agrega un “efecto demográfico” a la incidencia de la pobreza en este segmento de la población” [6].
Bien, de lo antes mencionado, puede decirse que los programas y políticas públicas que lleven a cabo los Estados son determinantes para el desarrollo de las y los jóvenes, con el fin de evitar los círculos de miseria y exclusión; y que, de no atenderse, llevarían a planteamientos de otra índole como de inseguridad humana y represión. Ya en este punto, y en lugar de utilizar medidas preventivas para la reconstrucción de los tejidos sociales tales como Bibliotecas, parques, becas y asistencia; los Gobiernos suelen utilizar las famosas políticas de: “Tolerancia Cero”, “Mano Dura”, “Súper Mano Dura” y “Ultra Mano Dura” contra los jóvenes ya convertidos en potenciales criminales.
En algunas circunstancias la Juventud (ya completamente estigmatizada) ha sido incluso juzgada y condenada a “cadena perpetua” [7] por la comisión de delitos siendo aún niños, con total beneplácito de los sectores más recalcitrantes que niegan que, como sociedad en su conjunto, se tenga un deber en alentar y proteger a la juventud latinoamericana; en palabras de Ana María Tronfi: “Los jóvenes han sido convertidos en relato expiatorio y en el “enemigo” del orden social” [8].
Nuestra región debe de alejarse de los prejuicios que históricamente se han sostenido para referirse a las y los jóvenes. “No somos violentos per se”; Alejandro Bonasso, lo considera de la siguiente manera: “…es importante que se promuevan espacios de interacción entre jóvenes de distintos ámbitos, dándoles participación también a aquellos que se encuentran en centros para jóvenes en conflicto con la ley a quienes el Poder Judicial dispuso la privación de su libertad y su atención con medidas socio-educativas. Al sentirse “incluidos”, la participación de los jóvenes se vuelve terapéutica y ellos comienzan a dejar de ser parte del problema para ser parte de la solución” [9].
Los Estados Americanos poco a poco van tomando conciencia de la importancia de las juventudes, se intenta desde luego incorporar nuevos instrumentos con Derechos específicos para la Juventud Iberoamericana, el ejemplo claro es la “Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes”, que se expresa como un catálogo que no solo hace referencia a los clásicos derechos civiles o políticos, sino como sistema que integra los Derechos Sexuales, al Desarrollo, a la Paz o la Igualdad de Género.
3. Juventud y México.
Las y los jóvenes mexican@s constituyen cerca de un 35% de la población del país; si tomamos como parámetro el rango de edad que hemos manejado para Latinoamérica (supra citado), estamos hablando de un total de: 40, 646,497 (cuarenta millones seiscientas cuarenta y seis mil cuatrocientas noventa y siete personas) [10]; divididos por sexo serían: 20,559,584 (veinte millones quinientas cincuenta y nueve mil quinientas ochenta y cuatro mujeres) y 20,086,913 (veinte millones ochenta y seis mil novecientos trece hombres), desde luego, tod@s ell@s con nombres, con sueños y aspiraciones.
La política pública en torno a la Juventud Mexicana se encuentra “desarrollada” principalmente a través Poder Ejecutivo Federal, por conducto del Instituto Mexicano de la Juventud, así como de los Institutos de la Juventud de las diversas entidades del Pacto Federal; no todos lo llaman así, en algunos estados se denominan Secretarías. Existe desde luego un marco normativo que casi siempre termina siendo soslayado en los hechos.
Por otra parte, la presente administración federal ha llevado a cabo un denominado: “Programa Nacional de Juventud 2008-2012”, cuyo propósito es asegurarle a toda la juventud mexicana el “…acceso y disfrute de las oportunidades en condiciones de equidad y que fomente en los distintos ámbitos en los que se desenvuelven el conocimiento de sus derechos, su comprensión, apropiación y los medios para hacerles exigibles”[11]. Está basado en 6 objetivos: “ciudadanía y participación social”, “acceso efectivo a la justicia”, “acceso y permanencia en la educación”, “trabajo decente”, “fomento de la salud de las y los jóvenes” y “vivienda adecuada”. En teoría no suena mal, pero, para que la adopción de muchos de estos parámetros sean palpables por la Juventud mexicana, es necesario adecuaciones legislativas y presupuestarias que de momento no parecen ser la prioridad de los actores políticos; quizás el próximo año y bajo el tenor de las clásicas “promesas de campaña” de cara a la elección presidencial, salgan a relucir algunas de estas medidas.
Una Juventud mexicana que no es atendida y correspondida en términos de Derechos Humanos, se encuentra en evidente desbalance ante prácticas de carácter riesgoso, por un lado, conductas que pueden poner en juego su integridad física[12], y por otro de manera agravada su vida misma. Un fenómeno delicado desde luego, tiene que ver con el incremento de los fenómenos delictivos; de conformidad con la numeralia del propio INEGI, durante el 2008, “el total de presuntos responsables de la comisión de un delito del fuero común (del ámbito local) fue de 177 mil 261, de los cuales 47.4 % son jóvenes; en el fuero federal ascendieron a 34 mil 856 de éstos 41.4 % fueron personas de 15 a 29 años. La incidencia por sexo es mayor en los varones tanto en el fuero común como en el federal” [13]. Reitero, debe haber una sincronía y un deber de actuación del Estado, familias, y diversos actores sociales para la salvaguarda de nuestra juventud.
Finalmente, es oportuno pronunciarse en relación con los fenómenos de violencia generalizada hacia nuestr@s jóvenes, existen voces que ya señalan que, ante las graves circunstancias sociales que vive gran parte de la República, comienzan a gestarse fenómenos como el “Juvenicidio”; las autoridades de todos los niveles de gobierno deberían a comenzar a buscar respuestas en modelos preventivos, de organización comunitaria y mejoría de las condiciones socioeconómicas de la población; México está viviendo situaciones que antaño solo podían percibirse en lugares como Liberia, Serbia, Moldava o Haití[14]; fenómenos de “niños-jóvenes soldados”, “levas”, o “des-humanización”. Si en verdad el Estado Mexicano pretende consolidarse como una Nación de futuro, es indispensable la atención urgente a su juventud y prepararla y formarla en la lógica de los Derechos Humanos. La juventud, su “bono demográfico”, es sin duda su mayor riqueza.
4. Nota de Felicitación.
Las y los jóvenes no somos apáticos, no somos irresponsables, ni meramente hedonistas; somos miles quienes ponemos el mejor empeño en nuestros respectivos ámbitos de acción para ofrecerle a nuestra sociedad, región, país y Mundo lo mejor de nosotr@s mism@s. Hay mucho talento, buscamos las oportunidades para hacerlo ver, pedimos un voto de confianza para demostrarlo. Quiero felicitar a la juventud de México, en todas partes hay personas maravillosas y verdaderamente comprometidas: en Sonora, Tabasco, Chihuahua, Oaxaca, Nuevo León, Quintana Roo, Tamaulipas, Morelos, Sinaloa, Puebla, Nayarit, Hidalgo, Jalisco, Veracruz, Baja California, Campeche, San Luis Potosí, Yucatán, Guerrero, Querétaro, Michoacán, Coahuila, Colima, Durango y muchos otros lugares más. A l@s compañer@s y la juventud de países hermanos en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Paraguay, Panamá, Perú, Uruguay, Venezuela.
En hora buena a la juventud del Mundo.
Miguel Ángel Antemate M.
[1] Véase: United Nations Population Fund, “The Case for Investing in Young People as part of a National Poverty Reduction Strategy”, Second Edition, New York, 2010.
[2] Potthast Barbara, Carreras Sandra (eds.) “Entre la familia, la sociedad y el Estado. Niños y jóvenes en América Latina (siglos XIX-XX)”, Bibliotheca Ibero-americana, Vol. 103, Vervuert, 2005.
[3] Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria O.P” A.C, “Derechos Humanos de las Juventudes en México 2010”, México, 2010, pp. 10 y ss.
[4] Ibidem. Pp. 17.
[5] Cfr. CELADE, Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía. División de Población, “LATIN AMERICA: POPULATION ESTIMATES AND PROJECTIONS BY SEX AND QUINQUENNIAL AGE GROUPS”, Period 1950-2050.
[6] Fondo de Población de las Naciones Unidas, CEPAL, “Juventud, Población y Desarrollo en América Latina y el Caribe. Problemas, oportunidades y desafíos”, Santiago de Chile, 2000, pp. 19 y ss.
[7] Véase: IACHR, Case 12.651, César Alberto Mendoza et al. (Juveniles Sentenced to Life Time Imprisonment), with respect to Argentina.
[8] Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Secretaria de Cultura, Ciencia y Deportes. “Jornadas de reflexión sobre Infancia y Juventud en Contextos de Violencia. Buscando nuevas estrategias de intervención e inclusión”. 2007, Argentina. Pp. 51 y ss.
[9] Bonasso Alejandro, -Los jóvenes no son per se violentos-, “Juventud, Violencia y Sociedad en América Latina”, Nº 2,-Noviembre de 2001- Organización Iberoamericana de Juventud, Colección Millenium, pp. 137.
[10] Cfr. Instituto Nacional de Estadística y Geografía, “Censo de Población y Vivienda 2010”, Tabla por Edad y Sexo.
[11] Secretaria de Educación Pública, “Programa Nacional de Juventud” 2008-2012, pp. 18.
[12] Véase: Álvarez Icaza Longoria Emilio, “Derechos Humanos, juventud y adiciones”, Revista DFensor, Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Número 9, año V, septiembre de 2007.
[13] Cfr. INEGI.
[14] Véase: Office of the Special Representative of the Secretary-General for Children and Armed Conflict, UNICEF, Global Youth Action Network, “Will you listen? Young voices from conflict zones”. October 2007.




















